Ascensor para el cadalso (Ascenseur pour l'échafaud),de Louis Malle, con guión de Louis Malle, a partir de la novela de Noël Calef
sábado, 4 de noviembre de 2006
EN UN LUGAR SOLITARIO (III)
lunes, 30 de octubre de 2006
MÁS DE CIEN MENTIRAS
Para Lui, ahora más que nunca, ¡recuérdalo!
¡Cuántas veces no habremos oído que la vida merece la pena! Mucho, pero para realmente averigüarlo hay que descender a los detalles, como hizo Sabina en su "Más de cien mentiras (que valen la pena)". Agustín me propuso un listado y yo acepté el reto. Aquí van unas de mis cien mentiras que hacen que la vida valga la pena:
El pan con tomate, el zumo de naranja, el Babelia por la mañana, el guacamole, la pasta, las comidas de la Lui, la Lui en las comidas, Lui desrizándose su rizo, Lui rizándonos con su risa. Los chistes malos de Irene, Irene sin sus chistes. El puño levantado de Agustín enfatizando lo que dice. Mis hermanos-amigos, las madrugadas de verano en Los Toreros, las risas con Vero, las cervezas con Rosario, las divagaciones con Paco, la petanca con mi padre, el cine con mi madre. Mi hermana con su maldad, el Billy para cualquier situación, Christian en cualquier charla.
Un 14 y un 5 que suman dos 10, un taconazo en Old Trafford, un último pase en el Bernabeu. Una finta y un triple que vale un último anillo. El primer toque en un partido, el revés paralelo, la camiseta sudada, el pañuelo en el pelo, el voleyplaya, las pachangas de fútbol en el campo, los pases largos en la playa, el bote del balón de baloncesto, los triples limpios, los ganchos a tablero, las pachangas a tres equipos.
El camino de ida a tu casa, el lunar en el trasero, el olor en el cuello, el beso en el vientre. Un abrazo de más, un beso por lo menos, que la risa te sorprenda, que tú sorprendas a una mujer mirándote.
De entre las guapas, Liz Taylor; de entre las feas, Bette Davis; de entre las sombras, Laura; Kim Novak, de entre los muertos. La entrada al cine, la entrada a la sala, el comienzo de la película. Wilder, Lubitsch, Capra. Hawks, Ford, Huston. Bogart y Bacall, Tierney y Andrews. Un sofá en los Doce Robles, un granero en La Casa de la Sidra, un apartamento en Manhattan, una casa en Long Island. Scarlett mojada por Allen, una buena idea en una película, una frase nueva en un libro, que te sepan decir lo que nunca supiste expresar. Bill a las 12 de la noche. No poder dejar de leer. Leer para quedarse dormido, leer para no dormir. Los encuadres de Hopper, los cuadros de Ford. Las letras del Sabina de ayer, la voz del Sabina de hoy. El comienzo del Johnny B. Good, el final del Stairway to Heaven. Loquillo con Sabino, Segarra con Fecé. Pumares en la radio, Garci en la tele, Ki duk y Kar Wai en el cine.
Las historias largas de Mortadelo y Filemón, las cortas de Zipi y Zape, Anacleto, los Don Mickey apilados, Tintín y Astérix. Leerlos en el colchón viejo del trastero.
Aquellos Maravillosos Años, la nostalgia, Cinema Paradiso, la caseta de madera en la playa, Verano del 42. Mi primera novia, a quien no le di ni un beso; el último beso que di a quien no era mi novia. Mi profesora de Griego, tu profesora de Filosofía. Una clase que sale bien.
De niño, la Tierra Media; Macondo, a los catorce; con la mayoría de edad, Comala. Lisboa solo o con amigos, Amsterdam bien acompañado. Lucrecio a solas, Horacio en la facultad, Virgilio a cualquier hora. Ana Karenina, Pálido Fuego, Residencia en la Tierra...
Y paro aquí, porque quiero que esta sea, ¡cómo no!, una lista incompleta a la que añadir líneas hasta el último día, el último momento. Saludos.
martes, 24 de octubre de 2006
LOS (POSIBLES) PARAÍSOS PERDIDOS
no quería rozarlo con mi muerte.
Di media vuelta y me aterroricé:
estaba yo sólo. Inevitable.
Disculpa si te hice ver que era otro:
ni yo mismo me admito.
Me engaño cuando no soy yo:
Tengo miedo de mi propia persona.
© jesús martín camacho. 2005.
jueves, 19 de octubre de 2006
PINSAPOS
Paraje Natural Los Reales. Sierra Bermeja. Málaga. Fotos: © jesús martín camacho. 2006
martes, 17 de octubre de 2006
SÍSIFO
Acabo de disfrutar de la recreación que del mito el escritor argentino Andrés Neuman ha puesto en boca de Sísifo en su libro Alumbramiento -ya me había sorprendido este joven autor (Buenos Aires, 1977) con su libro de haikus urbanos Gotas Negras (2003)-. Sin su permiso, pero haciéndole y haciéndoos un gran favor, os reproduzco íntegramente su relato. Espero que os guste a vosotros y que él no tome represalias.
Es un alivio cargar siempre con la misma roca. Es esta: la misma gigantesca, ocre, redonda piedra mía. No siempre ha sido así. Redonda, digo. No es que me merezca ir por ahí alardeando de geómetra, pero antes mi roca era más bien un poliedro. Una masa sin forma definida, con incómodos salientes que traspasaban mis ropas y me herían la piel. Lo que se dice un suplicio. Pero a fuerza de emplearla se ha ido haciendo tersa, regular. Modestamente, ha quedado bien bonita. Y es un alivio cargar con ella siempre, con esta misma roca, un día y otro día y cada día. Un verdadero descanso. Aunque la terca opinión ajena insista: que si sobrellevo una existencia torturada, que si mi astucia se marchita desempeñando una tarea idéntica cada vez que sale el sol, que si jamás podré ver mis trabajos concluidos... ¡Ingenuidades! Sin ninguna intención de ponerme a ensayar paradojas, puedo afirmar que me han quitado un peso de encima.
¿Cambiar yo de roca? ¿Cambiar de colina, de hora, de designio? No imaginan los que se creen libres con cuánta responsabilidad cargan. Tanta decisión que tomar en vano, semejante insistencia en los cambios, deben de resultar agotadoras. Fíjense, en cambio, qué joven me conservo. Además, como es natural, con el paso del tiempo he ido adquiriendo ciertas habilidades en el aparentemente sencillo arte del levantamiento, traslado y posterior depósito de minerales de gran tamaño. No cometeré la exageración de declarar que no me cuesta ningún esfuerzo, aunque pueden creerme si les digo que he dejado de sufrir aquellos lamentables dolores de espalda y que ya apenas me agito al coronar la cima del monte. Podrán suponer que, con la escasa vigilancia a la que me someten, no son pocas las tardes en las que, en lugar de la reglamentaria elevación dorsal, cubro el último tramo empujando mi roca como si se tratase de una rueda o un formidable juguete. ¿Y qué si alguien me viera? ¿Adónde me expulsarían? ¿Van a encontrar acaso a alguien que me reemplace?
Otra de las patrañas de las que me río a carcajadas: el terrible momento de la caída de mi roca, la supuesta decepción de ver cómo se precipita de nuevo ladera abajo... A quienes ignoran la topografía de la zona, me gustaría informarlos de que la falda sur del monte es espesa, verde y húmeda; da gusto recorrerla. ¿Acaso alguien ha dicho que, entre ascenso y ascenso, no puedo permitirme mis pequeños recesos a la sombra de los árboles? Por otra parte, la veloz y estrepitosa carrera de la roca constituye un espectáculo fascinante del que nunca me canso. Me enorgullece confesar que todavía hoy, al comienzo de cada jornada, noto cierta ansiedad en mis movimientos. Como si la certeza de que a lo largo del día veré rodar la roca decenas de veces más no me impidiera aguardar, con la ilusión de un principiante, las primeras caídas de la mañana. Pueden llamarlo como gusten: vocación, simple paciencia o -si son perspicaces- puro sentido práctico.
Ha amanecido sin prisa. La hierba se calienta. Las opiniones se repiten, perezosas. Sé que sufro menos que muchos. No soporto ninguna incertidumbre. Voy por el sendero hacia el monte. Los árboles cimbreantes se lavan la sombra en el río. Sólo una cosa temo, y esto nadie lo sospecha: que un día como cualquier otro, al posar otra vez mi querida vieja roca, esta se quede inmóvil en lo alto.
"Sísifo", de Andrés Neuman. Alumbramiento. Ed. Páginas de Espuma. 2006.
martes, 3 de octubre de 2006
GRIEGO Y LATÍN, ¿PARA QUÉ?
Perseo. Benveneuto Cellini (1554). Loggia dei Lanzi, Piazza della Signoria, Florencia.
lunes, 2 de octubre de 2006
INCAPACIDAD
miércoles, 27 de septiembre de 2006
CURIOSIDAD
lunes, 25 de septiembre de 2006
EL MAR EGEO
Skopelos. Islas Espóradas. Grecia. Fotos: © Jesús Martín Camacho. 2006.
miércoles, 20 de septiembre de 2006
AMISTAD
Art. 602. La casa del albanés es de Dios y del amigo.
Art. 620. Si entrara el amigo en casa, aunque haya sangre de por medio, le dirás: "¡Sé bienvenido!".
Art. 645. A quien le sea afrentado el amigo todas las cosas le serán dadas con la mano izquierda y por debajo de la rodilla hasta que sea reparado el ultraje.
Art. 649. Se perdona la afrenta al padre, al hermano y hasta a los primos sin descendencia, pero la afrenta inferida al amigo jamás se perdona.
Art. 1251. Los amigos que se arañan el rostro en la muerte del amigo no se lavarán la cara ensangrentada ni en la casa, ni en la aldea del difunto, ni tampoco en el camino, más solo cuando lleguen a su propia casa.
Metro de Madrid. Foto © Jesús Martín Camacho. 2006.
lunes, 10 de julio de 2006
RUPTURA
No me niegues con palabras de otro,
ese camino fue ya muchas veces recorrido:
de él no se conservan retamas ni guijarros,
descanso ni reposo.
Comienza tú uno nuevo,
no hace falta que sea grandioso,
sólo terreno y maleza,
polvo, rastrojos; pero tuyo.
mis ojos los primeros que lo sufran –los únicos—,
que le lleguen a destiempo, que lo abracen a la vuelta.
Separación (1894). Edvar Munch (1863-1944)
miércoles, 21 de junio de 2006
UNA ROSA DE LA TUMBA DE HOMERO
No lejos de Esmirna, bajo los altos plátanos donde el mercader conduce sus cargados camellos, que alzan orgullosos sus largos cuellos y pisan con sus cascos una tierra sagrada, vi una vez un rosal. Entre las ramas de los altos árboles volaban las palomas torcaces, y sus plumas refulgían cuando un rayo de sol caía sobre ellas, y parecían como de madreperla.
En el rosal había una flor de las más bellas, y para ella cantaba el ruiseñor las aflicciones de su amor; pero la rosa callaba. No había en sus pétalos ni una gota de rocío como una lágrima de compasión, e inclinaba sus ramas sobre unas grandes piedras.
- ¡Aquí reposa el más grande cantor de la tierra! – dijo la rosa -. Sobre su tumba exhalaré mi aroma, sobre ella dejaré caer mis pétalos cuando los arranque la tormenta. El cantor de la Ilíada se hizo tierra en esta tierra de la que yo he surgido. Yo, una rosa de la tumba de Homero, soy demasiado sagrada para florecer por un pobre ruiseñor.
Y el ruiseñor siguió cantando hasta morir.
Llegó el camellero con sus camellos cargados y sus esclavos negros; su hijito encontró el pájaro muerto y enterró al pequeño cantor en la gran tumba de Homero; y la rosa se estremeció con el viento. Llegó la noche, la rosa plegó sus pétalos y soñó: Era un precioso día de sol. Llegó un grupo de extranjeros que peregrinaban a la tumba de Homero. Entre los extranjeros había un cantor del norte, del país de las nieblas y la aurora boreal. Arrancó la rosa, la metió entre las páginas de un libro y se la llevó con él a otra parte del mundo, a su lejana patria. Y la rosa se marchitó de pena y yacía en la estrechez de las páginas del libro, que él abrió en su casa diciendo: «He aquí una rosa de la tumba de Homero».
Eso soñó la flor, y al despertar se estremeció con el viento; una gota de rocío cayó desde sus pétalos sobre la tumba del cantor, y el sol se alzó, el día se hizo cálido y la rosa enrojeció aún más hermosa, allí en su cálida Asia. Sonaron entonces unos pasos, llegaron unos extranjeros como los que la rosa había visto en su sueño, y entre los extranjeros había un poeta del norte. Arrancó la rosa, depositó un beso en su fresca boca y se la llevó a su país de las nieblas y auroras boreales.
Como una momia, el cadáver de la flor reposa entre las hojas del libro, y como en el sueño oye al poeta abrir el libro y decir: «¡He aquí una rosa de la tumba de Homero!».
Hans Christian Andersen
Homero
viernes, 16 de junio de 2006
¡EPA!
Museo Guggenheim. Bilbao
Museo Guggenheim. Bilbao.
Catedral de Santiago. Bilbao
Ahora, algunas de San Sebastián:
Ayuntamiento. San Sebastián.
Basílica de Santa María. San Sebastián.Gran figura en un refugio. Parque de los pueblos de Europa. Gernika. Vizcaya.
Fotos: © jesús martín camacho. 2006.
SAN JUAN DE GAZTELUGATXE

Hay lugares en los que le jode a uno encontrarse con un montón de gente. Lugares que uno preferiría disfrutar solo. Cualquier mínimo ruido que no sea connatural a él, lo afea y destruye un poquito. No digamos el ataque de los turistas. Y lo peor es que ¡tú mismo eres uno de ellos, con el mismo derecho de visitarlo! La visita masiva de gente estropeó mi recuerdo del Monte de Santa Tecla (Lugo), del poblado celta que descansa en su falda, y del Cabo da Roca, en Portugal, por poner dos ejemplos; me pude librar de ello en Cruz Alta (Sintra) y, sobre todo, en la Acrópolis de Atenas (increíble, pero el tiempo lluvioso obró el milagro).
Ermita de San Juan de Gaztelugatxe. Carretera de Bermeo a Bakio. Vizcaya. Fotos: © jesús martín camacho. 2006.
martes, 13 de junio de 2006
SUGERENCIAS CINEMATOGRÁFICAS (III): PAT GARRET Y BILLY THE KID
Una película a disfrutar en muchos aspectos. En lo visual, Peckinpah no se regodea insistentemente en sus consabidas imágenes ralentizadas; y sus planos, bastante sostenidos, abarcan la ubicación de los personajes a lo John Ford; en lo narrativo, el poema se desarrolla sin ninguna brusquedad y con un ritmo acorde a él; la música, a pesar de lo controvertida que pueda parecer a algunos (a mí, no) la participación de Bob Dylan y sus canciones, le viene como anillo al dedo; incluso la falta de música: maravillosamente presente en su ausencia en las dos escenas finales.
En fin, una película que habla de la amistad y de la muerte. Del aceptar los nuevos tiempos, aunque sepa amargo, o no hacerlo, aunque sepa a tumba. De cielos azules y de fuertes arrumbados. De encargos y de posturas vitales. De mínimos gestos y de menos palabras. De todo el tiempo que ha pasado y del poco que queda. De la amistad y la muerte.
Pat: Parece como si... los tiempos estuvieran cambiando.
Billy: Los tiempos puede. Yo, no.
MÚSICA
Plaza Mayor. Bilbao. Foto: © Jesús Martín Camacho. 2006.












































