lunes 2 de noviembre de 2009

CUENTOS SIN MORALEJA (XI): LA SIRENITA

Para mí, que tenía ganas de volver.


Plena pinchitá*
recién de la mar desnudos
te tornaste piedra.

(c) jesús martín camacho.2009.

Skopelos, Grecia. Foto: (c) jesús martín camacho.2006.
* Pinchitá: lo que en Cádiz "barbacoa" o en Málaga, "moraga".Es decir, reunión nocturna en la arena de la playa al amor de pinchitos, chuletas, sardinas, etc., al efecto de las bebidas y al calor de cuerpos jóvenes en el agua.


viernes 25 de septiembre de 2009

WARLOCK. AÚN HAY VIDA AL OTRO LADO DEL PECOS.

Para Paco Martín, que las ha visto todas, incluso las no estrenadas.

Me llamo Jesús y me gustan las películas del oeste. Desde pequeño, y cada vez más. Hay más, mucho más, que prototipos de vaqueros a tiempo completo, ganaderos soberbios, maestras de escuela, oficiales rectos como la línea del horizonte, pistoleros a sueldos... de ellos mismos, el barbero -casi nunca muere-, el amigo indio -casi siempre-, el médico -amén de la botella y el láudano-, las prostitutas de ética impoluta, el casino, etc., etc., pero hay mucho, mucho más. No digo nada, sólo mis diez películas del oeste. Véanlas. Revéanlas.

1.
Centauros del desierto, The searchers (John Ford, 1956): esas puertas, esos cuadros, esos techos.
2. Fort Apache, Fort Apache (John Ford, 1949): El coronel Owen Thursday, la cabezonería y aún se ven las banderas.
3.
Pat Garret & Billy el Niño, Pat Gar
ret & Billy The Kid (Sam Peckinpah, 1973): De amistad y de muerte, los tiempos están cambiando, la lírica.
4.
Sin Perdón, Unforgiven (Clint Eastwood, 1992): El último pistolero, es duro matar a un hombre, le quitas todo lo que tiene y todo lo que podría tener.
5.
Río Bravo, Rio Bravo (Howard Hawks, 1959): La tragedia clásica, el Toque de Degüello.
6.
Raíces Profundas, Shane (George Stevens, 1953): "¡Alguien viene, papá!", "¡Shane, vuelve!"
7.
El jinete pálido, Pale rider (Clint Eastwood, 1985): Y Shane volvió.
8.
Dos cabalgan juntos, Two rode together (John Ford, 1961): codo a codo, montura a montura. Y muchas cosas que no se dicen.
9.
La diligencia, The Stagecoach (John Ford, 1939): un viaje de cambios y metacinematográficamente iniciático.
y 10. Tombstone, Tombstone (George P. Cosmatos, 1993): Val Kilmer como el mejor Doc Holliday. En serio.


Y, ahora, la sorpresa. La novela del oeste. Warlock. Un pueblo donde la llegada de la ley para establecerse es un deseo, una amenaza, un evento necesario. Un puñado de almas con demasiadas vivencias. Una maravilla. Y ningún personaje lineal.

El calor era como una manta; tenía dimensión y peso.

Blaisedell retrocedió un paso, manteniéndose en el recuadro de sol junto a la puerta. Volvió a ponerse el sombrero, le dio un golpecito y volvió a recorrer la estancia con la mirada. Ninguno lo miró esta vez.

-Puede que alguien resulte muerto, juez –dijo Blaisedell en tono grave-. Pero esto es entre ellos y yo, porque ¿quién saldrá más perjudicado?

-Todos los hombres –repuso el juez.

Blaisedell se ruborizó, volviendo a adoptar la expresión arrogante que se pintaba en su rostro como una máscara. Pero su voz siguió siendo afable.

-Ha estado usted hablando del orgullo como si fuera algo malo, y no estoy de acuerdo. El orgullo es lo único que vale la pena en un hombre, y lo que le distingue de la manada. Ya lo hemos discutido antes, juez, y ahora le digo que el hombre que no tiene orgullo es un lamentable representante de la especie humana, que tenderá a colmar con whisky esa carencia. Porque el whisky no es más que orgullo con el que uno puede llenarse la barriga.


Oakley Hall, Warlock. Ed. Círculo de Lectores. Trad. de Benito Gómez Ibáñez.





Capela, Badajoz. Foto: © jesús martín camacho. 2004

lunes 7 de septiembre de 2009

ALLÍ

Para Kique, Anabel y, por supuesto, Santiago, que vendrá al siguiente concierto.


Catorce veranos han sido mis últimos años en Algeciras. Al principio dos meses enteros; con el pasar del tiempo se han ido acortando hasta un par de semanas como mucho. Y no seguidas.


El sr. Bunbury ha puesto letras a estos retiros vacacionales - existenciales en una preciosa canción de ritmo pausado y acompañamiento suave, con los instrumentos sumándose poco a poco. Mandolina melancólica, bajo aposentado. Aquí, como muchos sabéis, ha sido mi canción del verano. Dice mucho de los míos.




Aquí está el fugitivo de siempre
Aquí la eternidad que fue un instante (...)


Aquí en atención a las circunstancias
Aquí la noche infinita que no duerme
Aquí olvidé lo que me desconcertaba

Aquí vuelvo a estar ausente (...)

Aquí el acantilado que ruje a las olas
Aquí que le llaman allá fuera
Aquí los que vencimos con nuestra derrota
Aquí que ya no salimos a escena



Bunbury. Concierto en Estepona. Fotos: ¿Kique, Anabel, Jesús? 2009.

jueves 3 de septiembre de 2009

ESTAMBUL (II): MEZQUITAS.

Para Nanda, la primera mezquita del viaje. La que mez quita el sueño.

Y yo me pregunto: ¿Por qué me quieren convencer de lo que ya sé bastante bien? ¿A qué hablar de las bondades del islam? ¿A qué la propaganda, tan absurda, que no provoca más que la desconfianza de los que nos toman por necios? ¿Acaso piensan que no conocemos sus fundamentos, su belleza? Incluso, fíjense, me pareció sacílego escuchar tales des-razones en el interior de las mezquitas, de sus bellezas simples, absolutas, apabullantes.

Mezquita Nueva.











Mezquita Azul:















Santa Sofía:













martes 18 de agosto de 2009

ESTAMBUL (I): PUENTE GÁLATA.

Pescadores sobre el Puente Gálata. Al fondo se divisa parte del Palacio de Topkapi, Santa Sofía, la Mezquita de Solimán y la Mezquita Nueva. Esta es la Estambul que me empezó a enseñar Petros Markaris.


domingo 16 de agosto de 2009

EN LOS QUE SIN DUDA ESTUVISTE, EN LOS QUE SEGURO ESTARÁS.

Para Paqui, siempre en mis viajes.


Sí, estuviste en todos ellos.

En Lisboa, los brazos en tus hombros, empieza a hacer fresco en el Chapitô.
En Sintra, ladera arriba, ladera abajo.
En Atenas, de piedras sudadas y contraluz encontrada.
En Skopelos, bailando con cincuenta amigos desconocidos en la fiesta popular.
En Roma, el café te duraba una hora fragmentada en sus dos mil minutos; el pie descalzado sobre la silla, el muslo sobre el pecho.
En Londres, cachondeándote de la Tate Modern, pidiéndole perdon desde las vistas de su último piso.
En Praga, la sonrisa arrojada tras la primera pinta, los ojos lánguidos tras la segunda.
En París, deshilando el barrio judío.
En Buenos Aires, alegrándote a enjambre pleno.
En Estambul, tu mano en los puentes, la espalda contra la mezquita.

En todos ellos estuviste.

Foto: jesús martín camacho.2009.

sábado 15 de agosto de 2009

CAPADOCIA (y VI): PENÉLOPES A TIEMPO COMPLETO.

No hablaré de la añoranza que no tendré de los gusanos de seda que no tuve y las hojas de morera que nunca arranqué.

No hablaré de los cuarenta filamentos que salen de cada capullo ni del hilo de un kilómetro que forman.





Tampoco de los odres de tintes naturales.





De sus colores cambiantes.



No hablaré de los hasta mil nudos que hay que hacer por cada centímetro de alfombras.

No hablaré de la multitud de horas, del desgaste de la vista, del destrozo de la espalda, de saber que a partir de los veinticinco años las tejedoras ya están en horas bajas.

No hablaré de las alfombras y los kilims.

De hecho, no voy a seguir hablando.
En algún lugar de la Capadocia. Fotos: jesús martín camacho.2009.

jueves 13 de agosto de 2009

CAPADOCIA (V): KAIMAKLI. LA CIUDAD SUBTERRÁNEA

Final del s. V a.C. Jenofonte, con el resto de los maltrechos mercenarios griegos, recorre las inhóspitas tierras de la Capadocia en búsqueda del mar que les lleve de vuelta a casa. En un punto del camino se asombra de que no haya gente en las tierras por donde cruzan. Un muchacho le responde que viven en ciudades excavadas en el suelo y que se comunican unas con otras.
Para ocultarse, para defenderse, para sobrevivir, se construyó la ciudad de Kaimakli, nueve niveles de túneles subterráneos, a cuya maraña se accede a traves de un único pasadizo estrecho. Enemigos, que los hay, que se atrevan a pasar de uno en uno. En su extremo final un enorme disco de piedra, que únicamente se mueve desde el interior, tapona la entrada.

Únicamente se pueden visitar los cuatro primeros niveles, pero la cantidad de habitáculos, cocinas, establos, comedor, iglesias, salas funerarias,

túneles de ventilación,
dan perfecta idea del uso que hacían de ella los meses que pasaban allí viviendo hasta que desaparecía el peligro exterior.
Kaimakli, Neveshir. Capadocia. Fotos: jesús martín camacho.2009.

miércoles 12 de agosto de 2009

CAPADOCIA (IV): GÖREME: EN ESTAS PIEDRAS EDIFICARÉ MI IGLESIA

Para Víctor Salas, sobre todo por la imagen de San Jorge.

Al amparo, más que bajo la protección de la ciudad de Göreme.

Alineadas en las cercanías de la fortaleza de Uchisar.

Entre los siglos IX - XI fueron excavadas, horadadas, esculpidas, las iglesias rupestres, que, irónicamente, se atrevieron a profesar de nuevo abiertamente su fe, tras la victoria sobre los árabes. Un paisaje cálido más allá de lo pétreo.

Hay que buscar penetrar sus siluetas.

Superar alguna que otra mínima dificultad.

Para, finalmente, disfrutar de la belleza y calma de sus sombras.

La iglesia de la Manzana.

La iglesia de Santa Bárbara.

Su sencillamente asombrosa representación iconoclasta del Demonio.


La iglesia de la Serpiente.

Un paseo. Un retiro. Un viaje interior. Un éxtasis visual. Un ALGO.

Fotos: jesús martín camacho.2009.

jueves 6 de agosto de 2009

CAPADOCIA (III): ENTRE ÜRGÜP Y NEVSEHIR DESDE LAS ALTURAS

Para Kike, amigo, compadre y organizador de todo este periplo.


Los madrugones se suceden uno tras otro. El café no puede nada contra las cuatro y media de la mañana si te has dormido cerca de las dos. Cuando estás, el pueblo ya te mira con desdén: "¡perezoso!"




Pero ver el globo hinchándose sí destierra los bostezos.








Tu mirada, fija desde hace un rato en el proceso, se distrae, y entonces el colorido de interior de la lona, se multiplica en el exterior. El cielo se contagia de ellos.





Ya desde arriba uno aprecia los caprichos -o la mezcla calculada en su justa proporción, vete tú a saber- de la historia geológica, que se inventaron las chimeneas de las hadas y nos legaron el paisaje.






Y se juega a corretear entre sus figuras. A dribrarlas, incluso.




Uno divisa su hotel-oasis desde setecientos metros. Y le empieza a rugir el estómago.

Hay manos que te ayudan a bajar de las alturas (de todas).

Y uno se sienta a desayunar a las ocho de la mañana, creyendo que ya ha hecho lo mejor del día.

Y no....

Entre Nevsehir y Ürgüp. Fotos: jesús martín camacho.2009.