miércoles, 20 de septiembre de 2006

AMISTAD

Comienzo una nueva temporada con el blog. No sé si lo está leyendo mucha gente o no, pero la verdad es que, sea cual sea la respuesta, me gusta escribir en él. Y me consta que a mucha gente le pasa lo mismo, al menos al grupo de Víctor y compañía, en el cual cada vez hay más gente con ganas de comunicarse a través de sus blogs. En sus escritos hay muchas referencias a sus afinidades, a épocas anteriores comunes, a la amistad. Esto me llevó a que la primera entrada de este curso fuese dedicada precisamente a ella. No me voy a extender. Simplemente transcribir algunos artículos de un código de honor que conocí leyendo este verano. Se trata de El Kanun de Lek Dukagjin y recoge todo el derecho consuetudinario albanés referente a los códigos de honor en la familia y la amistad. Juzgad vosotros mismos la importancia que tiene ésta en esa sociedad. A mí me ha encantado.

Art. 602. La casa del albanés es de Dios y del amigo.
Art. 620. Si entrara el amigo en casa, aunque haya sangre de por medio, le dirás: "¡Sé bienvenido!".
Art. 645. A quien le sea afrentado el amigo todas las cosas le serán dadas con la mano izquierda y por debajo de la rodilla hasta que sea reparado el ultraje.
Art. 649. Se perdona la afrenta al padre, al hermano y hasta a los primos sin descendencia, pero la afrenta inferida al amigo jamás se perdona.
Art. 1251. Los amigos que se arañan el rostro en la muerte del amigo no se lavarán la cara ensangrentada ni en la casa, ni en la aldea del difunto, ni tampoco en el camino, más solo cuando lleguen a su propia casa.










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Metro de Madrid. Foto © Jesús Martín Camacho. 2006.

lunes, 10 de julio de 2006

RUPTURA

Sobre la valentía de la sinceridad y el no ampararse en argumentos-excusas a la hora de abordar una separación.

No me niegues con palabras de otro,
ese camino fue ya muchas veces recorrido:
de él no se conservan retamas ni guijarros,
descanso ni reposo.

Comienza tú uno nuevo,
no hace falta que sea grandioso,
sólo terreno y maleza,
polvo, rastrojos; pero tuyo.
Que sean tus huellas las únicas que lo avasallen,
mis ojos los primeros que lo sufran –los únicos—,
que le lleguen a destiempo, que lo abracen a la vuelta.
Comienza tú; sin nadie.
© Jesús Martín Camacho. 2005.

Separación (1894). Edvar Munch (1863-1944)

miércoles, 21 de junio de 2006

UNA ROSA DE LA TUMBA DE HOMERO

Una maravilla (no caigo en el tópico de decir pequeña maravilla: la calidad no está reñida con la brevedad) de Hans Christian Andersen dedicada a uno de los escritores que más admiró: Homero.


Una rosa de la tumba de Homero
En todas las canciones del Oriente resuena el amor del ruiseñor por la rosa; en las claras y mudas noches estrelladas, el alado cantor ofrece una serenata a su aromática flor.
No lejos de Esmirna, bajo los altos plátanos donde el mercader conduce sus cargados camellos, que alzan orgullosos sus largos cuellos y pisan con sus cascos una tierra sagrada, vi una vez un rosal. Entre las ramas de los altos árboles volaban las palomas torcaces, y sus plumas refulgían cuando un rayo de sol caía sobre ellas, y parecían como de madreperla.
En el rosal había una flor de las más bellas, y para ella cantaba el ruiseñor las aflicciones de su amor; pero la rosa callaba. No había en sus pétalos ni una gota de rocío como una lágrima de compasión, e inclinaba sus ramas sobre unas grandes piedras.
- ¡Aquí reposa el más grande cantor de la tierra! – dijo la rosa -. Sobre su tumba exhalaré mi aroma, sobre ella dejaré caer mis pétalos cuando los arranque la tormenta. El cantor de la Ilíada se hizo tierra en esta tierra de la que yo he surgido. Yo, una rosa de la tumba de Homero, soy demasiado sagrada para florecer por un pobre ruiseñor.
Y el ruiseñor siguió cantando hasta morir.
Llegó el camellero con sus camellos cargados y sus esclavos negros; su hijito encontró el pájaro muerto y enterró al pequeño cantor en la gran tumba de Homero; y la rosa se estremeció con el viento. Llegó la noche, la rosa plegó sus pétalos y soñó: Era un precioso día de sol. Llegó un grupo de extranjeros que peregrinaban a la tumba de Homero. Entre los extranjeros había un cantor del norte, del país de las nieblas y la aurora boreal. Arrancó la rosa, la metió entre las páginas de un libro y se la llevó con él a otra parte del mundo, a su lejana patria. Y la rosa se marchitó de pena y yacía en la estrechez de las páginas del libro, que él abrió en su casa diciendo: «He aquí una rosa de la tumba de Homero».
Eso soñó la flor, y al despertar se estremeció con el viento; una gota de rocío cayó desde sus pétalos sobre la tumba del cantor, y el sol se alzó, el día se hizo cálido y la rosa enrojeció aún más hermosa, allí en su cálida Asia. Sonaron entonces unos pasos, llegaron unos extranjeros como los que la rosa había visto en su sueño, y entre los extranjeros había un poeta del norte. Arrancó la rosa, depositó un beso en su fresca boca y se la llevó a su país de las nieblas y auroras boreales.
Como una momia, el cadáver de la flor reposa entre las hojas del libro, y como en el sueño oye al poeta abrir el libro y decir: «¡He aquí una rosa de la tumba de Homero!».

Hans Christian Andersen

Homero

viernes, 16 de junio de 2006

¡EPA!

Una de las mayores satisfacciones que me dio el comenzar mi vida laboral fue disponer de dinero para empezar a viajar. Uno de los mejores aspectos de mi trabajo es gozar de muchas vacaciones para poder hacerlo repetidamente a lo largo del año. Sabido esto, una de las mayores tonterías que podría hacer es desperdiciar estas condiciones y no largarme cada vez que pueda antes de que me impida hacerlo cualquier hipoteca o letra. A la espera de los viajes veraniegos, dejo puestas algunas fotos de mi segunda visita al País Vasco: si en la primera San Sebastián fue el lugar principal, esta vez fue Bilbao. Y, si me dan a elegir, me quedo con esta segunda. En la entrada anterior puse fotos de la costa de Vizcaya, ahora toca de la capital:

Museo Guggenheim. Bilbao

Museo Guggenheim. Bilbao.

Catedral de Santiago. Bilbao

Ahora, algunas de San Sebastián:

Ayuntamiento. San Sebastián.

Basílica de Santa María. San Sebastián.






El Peine del Viento. San Sebastián
Y, por último, Gernika:

Gure aitaren etxea. Parque de los pueblos de Europa. Gernika. Vizcaya.

Gran figura en un refugio. Parque de los pueblos de Europa. Gernika. Vizcaya.

Fotos: © jesús martín camacho. 2006.

SAN JUAN DE GAZTELUGATXE




Hay lugares en los que le jode a uno encontrarse con un montón de gente. Lugares que uno preferiría disfrutar solo. Cualquier mínimo ruido que no sea connatural a él, lo afea y destruye un poquito. No digamos el ataque de los turistas. Y lo peor es que ¡tú mismo eres uno de ellos, con el mismo derecho de visitarlo! La visita masiva de gente estropeó mi recuerdo del Monte de Santa Tecla (Lugo), del poblado celta que descansa en su falda, y del Cabo da Roca, en Portugal, por poner dos ejemplos; me pude librar de ello en Cruz Alta (Sintra) y, sobre todo, en la Acrópolis de Atenas (increíble, pero el tiempo lluvioso obró el milagro).

Aquí, sin embargo,en San Juan de Gaztelugatxe, aunque éramos muchos los que estábamos allí ese domingo -mala elección la del día-, esto no impidió que disfrutara de sus vistas y de la subida a la ermita. La roca fue en un principio una isla, pero con posterioridad se le añadió un puente para que pudieran pasar los peregrinos, cada vez más numerosos. Una vez en la "isla", 231 peldaños de via crucis separan al fiel del templo, situado a unos cien metros por encima del nivel del mar.

Ermita de San Juan de Gaztelugatxe. Carretera de Bermeo a Bakio. Vizcaya. Fotos: © jesús martín camacho. 2006.

martes, 13 de junio de 2006

SUGERENCIAS CINEMATOGRÁFICAS (III): PAT GARRET Y BILLY THE KID

Pat Garret & Billy The Kid (1973). Nacionalidad: Estadounidense. Director: Sam Peckinpah. Guión: Rudy Wurlitzer. Intérpretes: James Coburn (Pat Garret); Kris Kristofferson (Billy el Niño); Bob Dylan (Alias); Richard Jaeckel (Sheriff Kip McKinney); Katy Jurado (Mrs. Baker); Chill Wills (Lemuel). Música: Bob Dylan. Premios: Nominado Kris Kristofferson en los BAFTA al mejor actor novel.

Los tiempos están cambiando. Pat Garret y Billy el Niño se reencuentran en Nuevo México. Mientras Billy bebe, Pat le comenta que va a ser nombrado sheriff de ese territorio; que le han contratado para que lo mate; que será mejor que cruce la frontera. Billy no está dispuesto a hacerlo. Pat le da la espalda y sale de la cantina. Monta su caballo y se marcha. "¿Por qué no aprovechaste para matarle, Billy?" "¿Matarlo? Es mi amigo".
Dos palabras y aquí esta la película: amistad y muerte. Ése es el poema. Ésta es la épica entre dos personajes condenados a enfrentarse ahora que los tiempos están cambiando. Ahora, que uno de ellos intenta evolucionar y que el otro se resiste, no queda más que llamar a las puertas del cielo. Uno y otro. Y la civilización se les viene encima.


Una película a disfrutar en muchos aspectos. En lo visual, Peckinpah no se regodea insistentemente en sus consabidas imágenes ralentizadas; y sus planos, bastante sostenidos, abarcan la ubicación de los personajes a lo John Ford; en lo narrativo, el poema se desarrolla sin ninguna brusquedad y con un ritmo acorde a él; la música, a pesar de lo controvertida que pueda parecer a algunos (a mí, no) la participación de Bob Dylan y sus canciones, le viene como anillo al dedo; incluso la falta de música: maravillosamente presente en su ausencia en las dos escenas finales.
En fin, una película que habla de la amistad y de la muerte. Del aceptar los nuevos tiempos, aunque sepa amargo, o no hacerlo, aunque sepa a tumba. De cielos azules y de fuertes arrumbados. De encargos y de posturas vitales. De mínimos gestos y de menos palabras. De todo el tiempo que ha pasado y del poco que queda. De la amistad y la muerte.


Pat: Parece como si... los tiempos estuvieran cambiando.
Billy: Los tiempos puede. Yo, no.

MÚSICA

Para Christian, por hacer de hermano mayor e introducirme
en la buena música, el buen cine y la buena literatura.
Entonces apareció aquel hombre. Llevaba una guitarra y un pequeño amplificador. Lo plantó cerca de los bancos de la plaza, allí donde había más gente, y lo encendió. La mayoría de los presentes apenas le dirigió un par de miradas cuando, sorprendidos por el sonido de la música, comenzó a tocar. ¡Al instante retomaron sus vanas conversaciones, sus insulsos chismorreos, sus patéticas inquietudes! Dejé a mis amigas jugando, me separé un poco y me senté a escuchar. No pasó mucho tiempo hasta que el músico se dio cuenta de que nadie le atendía, y, ya a punto de recoger su humilde equipo, me miró. Bajé la vista, incómoda. Cuando la levanté, seguía observándome. Me sonrió. Se acercó hacia mí. Probablemente pensaría que ganándose el interés de una niña pequeña conseguiría al menos unas monedas de sus padres; o quizá no, quizá le recordase a él de niño. Sea como fuere, si era realmente así, no habría caído en ello ni me hubiese importado lo más mínimo. Ahora yo era su única espectadora y lo que sonaba tenía cada vez un aire más exclusivo e íntimo. Ya no sentía vergüenza. Me giré completamente y me quedé embobada. Él debió de sentir ese interés, porque ya no tocaba canciones más o menos populares, sino que comenzó a versionar de piezas clásicas. Aquello terminó por cautivarme. Se acercó y se acomodó en el suelo. Continuó tocando. Sólo para mí.

Plaza Mayor. Bilbao. Foto: © Jesús Martín Camacho. 2006.

jueves, 18 de mayo de 2006

SATISFACCIÓN

Para Verónica, por demasiadas razones.
Una niña pequeña ve una cuerda que cuelga desde lo alto de un campanario hasta el suelo. Se acerca curiosa. La toca, la hace balancear. No pasa mucho tiempo hasta que tira de ella y suenan las campanas. Sonriente, mira hacia arriba. Ve el bronce en movimiento y, exultante, repite el mismo movimiento varias veces con distinto repiqueteo. Vuelve a alzar los ojos. Desde su metro escaso de altura, el edificio debe parecerle inconmesurable. Pero allá, en lo alto, en el punto que corona la iglesia, quedan las campanas, que le dan vida, casi movimiento. Y esa niña sabe que es ella la que las hace sonar. Las domina. Todas las personas que están alrededor la miran. Se siente orgullosa.

Desde la arena
si logro alzar el brazo
la estrella es mía
© jesús martín camacho. 2006.


Ermita de San Juan de Gaztelugatxe, carretera de Bermeo a Bakio. Vizcaya. Fotos: © jesús martín camacho. 2006.

lunes, 1 de mayo de 2006

ENTRE EL ANSIA Y LA REALIDAD

¿Hay alguien tan obsesivo como yo como para fijarse en las distintas rugosidades de una pared mientras espera una cita que se retrasa? ¿como para establecer una solidaria relación con los objetos que tiene a su vista y que se compadecen de sus idas y venidas por la acera mientras le da vueltas a mil excusas que justifiquen su retraso? ¿como para pasar del amor al desprecio, de la esperanza a la venganza de la persona esperada? Si la respuesta es afirmativa, en el siguiente fragmento de Flaubert verá milimétricamente detallados sus pensamientos y acciones en ese intervalo que va del fracaso a la gloria (el texto precisa de la paciencia necesaria -y rara en la lectura de blogs- para apreciar su calculada composición; disfrútenlo):
"Frédéric empezó a recorrer la calle Tronchot, mirando delante y detrás de él.
Por fin dieron las dos.
"¡Ah!, ¡es ahora! -se dijo- está saliendo de casa, se acerca -y un minuto después-: Habría tenido tiempo de llegar." Hasta las tres trató de calmarse. "No, no está retrasada; un poco de paciencia."
Y, como estaba desocupado, examinaba las excasas tiendas: un librero, un guarnicionero, una tienda de ropa de luto. Pronto conoció todos los títulos de los libros, todos los arneses, todas las telas. Los comerciantes, a fuerza de verlo pasar y volver a pasar, se extrañaron al principio, después se asustaron y cerraron sus escaparates.
Sin duda, ella tenía algún impedimento, y también sufría por esto. Pero, qué alegría dentro de poco. Porque iba a ir por descontado. "¡Me lo ha prometido!" Entretanto, una angustia insportable se apoderaba de él.
Por una reacción absurda, volvió al hotel, como si hubiera podido encontrarla allí. En el mismo instante, quizá llegaba ella a la calle. Se echó fuera. ¡Nadie! Y comenzó de nuevo a pasearse por la acera.
Se fijaba en las grietas de los adoquines, las bocas de los canalones, los números encima de las puertas. Los objetos más insignificantes se convertían para él en compañeros, o más bien espectadores irónicos; y las fachadas regulares de las casas le parecían despiadadas. Tenía frío en los pies. El ruido de sus pasos le resonaba en el cerebro.
Cuando vio que eran las cuatro en su reloj sintió como un vértigo, un espanto. Trató de repetirse versos, calcular cualquier cosa, inventar una historia. ¡Imposible!, la imagen de Mme. Arnoux le obsesionaba. Tenía ganas de correr a su encuentro. Pero ¿qué camino tomar para no cruzarse?
Abordó a un recadero, le metió en la mano cinco francos, y le encargó que fuera a la calle Paradis, a casa de Jacques Arnoux, a preguntar al portero "si la señora estaba en casa". Después se plantó en la esquina de la calle La Ferme y la calle Tronchet, de manera que veía simultáneamente las dos. Al fondo de la avenida, por el bulevar, pasaban masas confusas. Distinguía a veces las plumas de un dragón, un sombrero de mujer; y ponía en tensión sus pupilas para reconocerla. Un niño harapiento que enseñaba una marmota en una caja le pidió limosna.
El hombre de la chaqueta de pana reapareció. "El portero no la había visto salir." ¿Quién la retenía? ¡Si estuviera enferma, lo habrían dicho! ¿Era una visita? Nada más fácil que no recibir. Se dio una palmada en la frente (...)
Y una duda espantosa le asaltó. "¿Si no llegara a venir, si su promesa no fuera más que una palabra para eliminarme?" ¡No!, ¡no! Lo que le impedía, sin duda, era un azar extraordinario, uno de esos acontecimientos que desbaratan toda previsión. En este caso, habría escrito. Y envió al mozo de hotel a su domicilio, calle Rumfort, para saber si había alguna carta.
No habían llevado ninguna carta. Esta falta de noticias le tranquilizó.
Del número de monedas tomadas al azar en mano, de la fisonomía de los transeúntes, del color de los caballos, sacaba presagios, y, cuando el augurio era contrario, se esforzaba por no creer en él. En sus accesos de furor contra Mme. Arnoux, la injuriaba a media voz. Después, debilidades como para desmayarse alternaban con renuevos de esperanza. Estaba por llegar. Estaba allí, a su espalda. Él se volvía, ¡nada! Una vez percibió, a una distancia de treinta pasos, a una mujer de la misma talla, con el mismo vestido. La alcanzó; ¡no era ella! ¡Llegaron las cinco!, ¡las cinco y media!, ¡las seis! Encendían las farolas de gas. Mme Arnoux no había venido."
Gustave Flaubert. Laeducación sentimental. Trad. de Germán Palacios para ed. Cátedra. Pp. 356-357.

lunes, 24 de abril de 2006

MADRID

En Madrid hay tiempo para hacer de todo, pero cuando te marchas de allí y piensas en lo que te has dejado atrás, te das cuenta de que realmente no te dio tiempo a hacer nada. Por vez primera (y es la séptima u octava que estoy en la capital), mi única ocupación era aprovechar para hacer turismo, comer bien, visitar museos, librerías, hacer fotos, pasear y oir buena música en distintos garitos. Y todo ello se cumplió con creces, además de una jam session y una obra de teatro. Todo ello sin contar con la compañía, inmejorable. Os dejo con algunas fotos:













Fotos: © jesús martín camacho. 2006.
1: Puerta de Alcalá.
2: Plaza de España.
3: Parque del Oeste.
4-5: Templo de Debod.
6: Viaducto. C/ Bailén.
8-9: Palacio Real y Jardines de Sabatini.
10: Plaza Mayor.
11: Congreso de los Diputados.

viernes, 7 de abril de 2006

LA ESPERA

Metro de Madrid. Foto: © jesús martin camacho. 2006.


Bajo el zapato,
La paciencia del suelo;
Aún te recuerdo.
© jesús martín camacho. 2005.

miércoles, 5 de abril de 2006

CUENTOS SIN MORALEJA (V)


A Juan Sinmiedo
lo inflaron a hostias
un viernes noche

© jesús martín camacho. 2006.

martes, 28 de marzo de 2006

AHORA TOCA DESCANSAR, PACO

Hoy pensaba escribir acerca de la entrada de la primavera, traducir algún poema de Horacio o Catulo acerca de la necesidad de aprovechar el buen tiempo de nuestra primavera antes de que lleguen los fríos del inevitable invierno. Sin embargo, por una puta jugada del destino, una vez más, el cruel se ha adelantado y ha venido a golpear en la puerta equivocada. A Paco nos lo ha arrebatado una mors immatura, una muerte prematura.
Mis últimas palabras fueron para agradecerte el café al que me habías invitado. El último que me pusiste ("Jesús, tú, aquí dentro, carta libre").
Qué más puedo escribirte, Paco, si todavía estás aquí, aunque hoy no hayas abierto la cafetería, a pesar de que a las siete menos cuarto no oliera a tortilla de patatas recién hecha... ¡con Dios!

sábado, 25 de marzo de 2006

ALGARVE (II)

Algunas fotos que quedaron en la recámara:


Punta da Piedade.


Punta da Piedade.

Punta da Piedade.

Carvoeiro

Fotos: © Jesús Martín Camacho. 2006.

viernes, 24 de marzo de 2006

ALGARVE

Hace ya demasiado tiempo que no escribo aquí (creo que si hacemos una estadística, éste debe de ser el comienzo más repetido en los millones de blogs que pululan por ahí). Ello no quita que lo que digo sea rigurosamente cierto y ha de ser precisamente hoy, que -por distintos motivos- no tengo ganas de hacerlo, cuando termine esta sequía. Y es hoy porque ayer me dieron fotos que hicimos en una pasada excursión al Algarve y, por tanto, puedo escudarme en la información-sensación que produce una foto para disculparme por no escribir mucho y evitaros leer otro tanto. Sólamente resta reflejar la maravilla que es visitar esa zona de Portugal cuando aún no es verano y no está llena de gente (sí, lo sé, yo también soy turista; pero qué le voy a hacer si no me gusta estar con ellos -¡qué guay soy!-). Impresiona, ojo, tanto la costa como el interior; tanto los pueblos como los parajes. Y si el tiempo acompaña y está medio nublado, muchísimo mejor. Debe ser que me gustan los paisajes cargados y las fachadas decadentes (en el mejor sentido, que lo tiene, de la palabra). Les dejo con algunas estampas.
Cabo de San Vicente.

Carvoeiro

Vila do Bispo

Castillo de Silves.

Castillo de Silves

Fotos: © Jesús Martín Camacho. 2006.

miércoles, 8 de marzo de 2006

CUENTOS SIN MORALEJA (IV)





¿Y tres cerditos
metidos a constructores
es original?

© Jesús Martín Camacho. 2006.